Venecia, una amante de dos épocas

Si los viajes en el tiempo existiesen, diría que se hacen en tren. Además apostaría que son de esos que llegan de noche, cuando las luces del destino pasado apenas iluminan el camino y pareciera que recorres un sueño.

Bueno, quizás no fue un viaje per se en el tiempo, pero así sentí mi paso por la Reina del Adriático, Venecia.

Venecia tiene esa cosa romántica y antigua que encanta. Es como un retrato renacentista que te enamora con su mirada, luces e historias de un pasado con muchos contrastes. Muchos aman ese misterio y la capacidad de mantenerse intacta por siglos, otros la odian cual amantes resentidos al descubrir que no se guardó sólo para ellos.

Es que siendo sinceros, la ciudad enamora a todo aquel que pisa sus vaporettos pero sus enamorados son tantos que los únicos momentos donde puedes disfrutar minutos de privacidad con la Serenissima es entrada la noche o muy temprano en la mañana (ideal de madrugada). En mi caso, tuvimos la suerte de llegar de noche y como nos equivocamos de vaporetto, terminamos demorándonos más de lo esperado en ir desde la estación hasta la Plaza San Marcos. Lo que pareció mala suerte, terminó brindándonos un espectáculo maravilloso: San Marcos de noche con apenas algunas luces tenues iluminando sus calles vacías y libres de otras pisadas que no fuesen las nuestras.

Ah Venecia, eras una bellezza vestida de negro y dorado.

 

Si de noche es una novia escondida para quién decide adentrarse en sus calles y disfrutarla en soledad, de día es una mujer entregada a la vida y a los amantes.

Esta es la principal razón por la cual muchos escapan de sus encantos, los turistas que la visitan a diario son muchísimos. Y no sólo hablo de aquellos que llegan en tren para quedarse unos días (ellos son los que en verdad disfrutan de la ciudad), hablo de los cruceros que llegan cargados de visitantes que arriban, sacan fotos, comen, llenan las calles y luego, como un maremoto cuya ola arrasó con todo, se van por donde vinieron.

Son estos visitantes diarios los que obligan al viajero a adentrarse en otras rutas y, en parte, te permiten descubrir otras calles, otras viviendas, otras vistas de una ciudad que parecía tenerlas escondidas sólo para ti.

Venecia es una ciudad para quien decide escapar de las formalidades y prefiere descubrir sus secretos poco a poco, para aquellos que sin mapa en mano, se lanzan a navegar por sus puentes y se pierden en esa belleza estancada en el tiempo, en esas historias que inundan sus calles y en esos edificios que guardan secretos para aquellos amantes más valientes que saben apreciarla tal cual es. Con sus arrugas, con sus puentes de enamorados que se dicen secretos de noche, con esa magia que la tiene viviendo en el pasado y en el ahora, y que es capaz de llevarte por un viaje a tiempos antaños del cual será difícil regresar.

 

Por que Venecia es más que agua, puentes y mascaras. Venecia es romance, es misterio, es la amante más hermosa que has tenido en tu vida y la que sabrá esperarte resplandeciente cuando decidas regresar.

 

Recomiendo

  • Visitar la Plaza y Basílica de San Marcos, el Palacio Ducal, el Gran Canal y el Puente Rialto.
  • Fotografiar todo lo que pillen, en especial las góndolas y los canales poco concurridos.
  • Comer bruschettas mientras se beben un Spritz en los bares más del interior de la ciudad.
  • Pasear en góndola sólo si son 2 o más personas.
  • Ver el atardecer desde un vaporetto o en el distrito de Dorsoduro.

 

Pd: Si quieren ver las fotos en mayor tamaño, no duden en entrar a mi album en Flickr. Además podrán encontrar nuevas fotos a medida que suba más posts :)

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