Tolkien y yo: Tras la música de los Ainur Parte II

Fue así como llegué al Hobbit y al Silmarillion.

Quise comenzar por el Silmarillion pero aún no estaba lista para adentrarme en la historia de Arda. No era el momento, me faltaba la madurez, experiencias y vivir más. El Silmarillion no era para mi en ese momento.

Muy por el contrario, cuando dejé el Silmarillion de lado, El Hobbit fue una brisa de verano. Me devoré la historia de Bilbo y la compañía de enanos. Reí y lloré mucho con ese libro.

El Hobbit me hizo descubrir otra faceta del profesor, acá no era un explorador del mundo, era un cuenta cuentos. Bilbo era cada uno de nosotros lectores, el niño ansioso por aventuras pero con miedo a crecer, con miedo a perderse y nunca poder regresar a su hogar.

El Hobbit es tal como lo describe Bilbo, la historia de una ida y una vuelta.

Cuando llegaron las películas del Hobbit, yo estaba con deseos de adentrarme más en Tierra Media pero no estaba segura si seguir con el Silmarillion o no. Acá agradezco que llegara a mi vida El Hobbit: Un Viaje Inesperado, esa primera parte de la trilogía me hizo ver la historia de Bilbo con otros ojos y descubrí que no era sólo una ida y una vuelta, El Hobbit era la historia de su aventura con la compañía de Thorin y la guerra que le tocó vivir según el mismo Bilbo.

Por eso sentía que el Hobbit omitía detalles importantes, por eso sentía que se me hacía corta, por eso siempre se la pasaba recordando su hogar. Era una historia hecha por alguien que sufrió y quiso quedarse solo con los hechos importantes y con aquellas cosas que le hicieron feliz.

Fue este pensamiento lo que me hizo tomar el Silmarillion y devorármelo.

¿Qué pasó conmigo cuando lo leí? Mi cerebro literalmente explotó.

El Silmarillion era todo, las leyendas, los mitos, las creencias. Era religión, política, drama, tragedia. Era traición, amor, poder, buena y mala suerte. Era la historia del mundo antes del mundo.

Este compendio de historias trataban de todo y cuando hablo de todo, es todo. Ya no era sólo una gran batalla épica, eran muchas. Ya no había solo amistad y honor, ahora había venganza y odio.

Era leer todas las historias religiosas pero con otros nombres. Era buscar paralelos entre las leyendas y mitos occidentales. Era encontrar lecciones sobre el mundo y cómo el ser humano va destruyéndolo poco a poco. Cómo el poder puede destruir hasta el alma más fuerte.

Y sí, el Señor de los Anillos también trata de lo mismo pero acá te lo muestran no una si no muchas veces. Es leer sobre milenios de traiciones y deseos políticos, donde la paz por mucho que se desee, no puede existir por siempre. Guerra y Paz siempre van a coexistir tal como la luna y el sol (Anar e Ithil), como Manwe y Morgoth, como la luz y la oscuridad. Los opuestos viven en una especie de armonía justa, pero hay que tener cuidado porque la oscuridad puede absorberlo todo y conseguir que el mundo caiga en tinieblas, es en ese juego donde nosotros jugamos un papel muy importante.

Además de todo esto, el Silmarillion nos habla de la vida y la muerte. Como la muerte es un regalo que les permite a los mortales vivir cada segundo al máximo, donde sus vidas tienen que valer la pena y si debes morir, tiene que ser por una causa justa o cuando tu horas así lo diga.

El Silmarillion marcó el antes y el después en mi amor por Tolkien y sus historias.

Quiero seguir leyendo sobre Tierra Media, quiero seguir devorando páginas de historias, quiero seguir aprendiendo sobre las razas e idiomas en Arda. Quisiera recorrer los bosques de Lothlorien con los pies descalzos, sentir el aire acaricias mis mejillas y descubrir la canción que Ulmo aún sigue cantando en las aguas del mundo. Porque de todos los Ainur, Ulmo es quien aún recuerda la canción y con quien los Teleri cantan a orillas del mar.

Ya llegará el día que pueda preguntarle al profesor más historias de Tierra Media, hasta ese momento seguiré buscando la canción de los Ainur cada vez que visite el mar.

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