En memoria de un viajero sin regeso

Para quienes amamos los viajes, sabemos que si bien podemos estar una buena temporada alejados de nuestra familia, que podemos perdernos momentos importantes, tenemos la seguridad que existe la posibilidad de regresar. Que volveremos a encontrarnos y reír con quienes amamos. Que por muy largo que sea nuestro viaje, siempre podemos volver.

 

¿Qué pasa cuando el viaje es en verdad, sin regreso?

 

Para mi la muerte es como un paso más. Dejas una cáscara, mientras tu esencia se dirige hacia destinos inimaginados el problema es que el regresar no es una posibilidad.

Según algunas creencias, el alma de cada ser vivo en la tierra, al momento de morir, deja su cuerpo mortal para seguir su camino de aprendizaje que lo llevará a reencarnar y vivir muchas vidas.

Otras creencias hablan de una vida más allá, donde al morir, tu alma deja el cuerpo mortal para adentrarse en las bondades de la eternidad. Mientras que creencias más antiguas hablan de morir para poder regresar a las entrañas de la madre tierra, volverse uno con ella nuevamente.

 

El problema con todas estas ideas, es que si bien el viajero parte, somos quienes quedamos los que sufrimos la pérdida y nadie es capaz de dar un consuelo efectivo. Porque no importa si renaces, si te vas al cielo o si regresas a la tierra de la cual que fuiste creado, tu “yo” actual no va voler. Tu persona tal como la conocemos, ya no existe y eso duele.

Es como las mariposas, el gusano debe dejar de ser gusano para poder transformarse en mariposa pero esa mariposa nunca más volverá a ser el gusano que era. Quienes lloramos la muerte de un ser querido somos como los gusanitos que se quedan en la tierra mirando como la mariposa se aleja batiendo sus hermosas alas.

Se preguntarán porqué escribo esto. La respuesta es una de las razones por la cual he estado alejada del blog.
Hace varias semanas falleció una persona muy importante para mí, alguien con quien compartí y que a lo largo de los años se convirtió en un pilar muy fuerte en mi vida. Era el hermano menor de mi mamá, mi tío si hablamos de forma más práctica, pero en el fondo era mucho más. Él fue la risa, la fuerza, el amor y el apoyo que todos, en algún minuto, necesitamos. Siempre estaba ahí, siempre.

Es tan extraño hablar de él en pasado y me es tan complicado escribirlo. Hacerlo hace más real el hecho que no está aquí físicamente, se siente el vacío, el dolor, la presión en el pecho cuando intentas respirar.

Pero hace bien empezar el proceso de aceptación. Por mucho que duela, hay que hacerlo, porque espero que después el dolor sea más soportable.

 

Hace unos años perdí a mis abuelos (¿serán 4? ¿6 años?), mi tío fue quien estuvo a nuestro lado todo el tiempo. A pesar de su propio dolor, él quería ser nuestro apoyo.

Fue tan raro estar frente a su ataúd sin su mano cálida tomando la mía, haciéndome sentir que todo iba a salir bien sin siquiera decir una palabra…

 

Son pocas las personas que hacen verdadera mella en tu vida y son esas personas las que por lo general nos dejan más luego.
Mamá me decía que el dolor, para poder aguantarlo, se debe vivir en conjunto con todos aquellos que hemos sentido la pérdida de un ser querido. ¿Pero cómo explicarle al otro lo mucho que cuesta respirar, cómo arden las lágrimas al llorar? ¿Cómo explicarlo?

No se puede. Sólo tienes que vivirlo para entenderlo y seguir adelante, arrastrándote hasta que estés listo para levantarte.

 

Hay días que lo extraño más. Otros días me sorprendo de no tenerlo en mi mente tan seguido como quisiera. Según mi psicóloga, ella me decía que el proceso de duelo dura entre 6 meses a un año y está bien. Si te toma un año levantarte, pues que bueno. Lo importante no es presionarse y hacerlo cuando se esté preparado, antes sólo se conseguirá caer nuevamente.

 

Así que acá me tienen, dando pequeños pasos. Ya llegará el día que estaré lista para levantarme, antes de eso, seguiré a gatas.

Al menos me deja feliz que él vivió todo lo que tenía que vivir y lo hizo a gusto, con una sonrisa. Saber que esa persona que quieres vivió bien y se fue sin dolor, te deja un poco tranquilo. Más aún si sabes que él ahora va recorrer lugares increíbles con una sonrisa y se convertirá en el “romántico viajero” que tantas veces tiene que haber cantado con pasión al oír el himno de su equipo favorito de fútbol.

Te quiero mucho mi tío bonito, ya vendrá el día cuando nos volvamos a encontrar.

 

~*~

 

Quise hacer un alto en el blog y compartirles esto como forma de desahogo. Necesitaba sacar algunas cosas de mi cabeza.

Han pasado hartas cosas en estos meses, que ya iré poniéndolos al día. Por ahora, me despido hasta la próxima entrada.

 

Un abrazo virtual~

 

2 Replies to “En memoria de un viajero sin regeso”

  1. Ivonne Fuentealba dice: Responder

    Querida hija no sabes cuanto admiro tu serenidad para expresarte con tanta claridad de tu querido tío, quiera Dios que el viaje que planificamos para el próximo año nos ayude a superar el dolor por no tenerlo a nuestro lado.

    1. Ay mami, no sabes lo que me costó escribir la entrada.
      Cada palabra la habré escrito unas 10 veces. Es que nunca estaba segura con lo que decía, si acaso las frases eran las correctas y si lograban expresarme y entenderme.
      Esperemos que nuestro viaje nos ayude a superar el dolor, él habría estado feliz de vernos partir y sé que lo va a estar.

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