Con ganas de viajar…

¿Cómo estamos? Yo como que esta semana he estado algo dispersa. Sucede que cada cierto tiempo (últimamente más seguido que antes) me bajan las ganas de tomar mis cosas, meterlas en mi mochila/maleta (que la amo) y largarme con destino a donde sea.
Y claro, cuando ocurre eso empiezo a mirar y re-mirar mis super planificaciones de viajes, mis ahorros, cuánto me falta para llegar a la gran meta y, obviamente, qué tan cerca está la fecha para largarme finalmente.

En eso estaba cuando pensé si a todos les pasaba lo mismo. Si acaso las rutas los llamaban de la misma forma que a mi, si acaso los pies se aburrían de pisar siempre las mismas calles y pedían, noche a noche, otras calzadas.

Debo admitir que estos deseos por largarme aumentan cada vez que reviso los blogs que me gustan. Sobre todo el de Aniko Villalba (se los recomiendo, es genial su blog), que ahora se encuentra en Europa (¡que envidia!, pero de la sana no me malinterpreten). Ella tiene una forma de escribir muy entretenida, es como si estuviese al lado tuyo contándote sus aventuras o tú estuvieses metido en su cabeza viendo con sus ojos, como es el mundo y los lugares que recorre. Me gusta eso (en serio, pasen a leer su blog).

Pero más me gusta esa posibilidad de simplemente tomar sus cosas y largarse. Yo lamentablemente me confieso como seguidora de la seguridad y de tener cierto control en la mayoría de los aspectos de mi día a día (¡hola! Soy Carla y tengo adicción a la seguridad). Me aterra en sobremanera no saber cómo reaccionar a ciertas cosas y quizás es ese miedo el que me motiva a irme. Al viajar no posees mayor control que el de saber dónde dormirás y para cuándo es el pasaje de tu próximo destino, más aún si estás en un lugar donde el idioma no es de tu dominio.

Viajar es perderse y eso adoro hacer. Llegar a una ciudad y simplemente caminar, no escuchar mayor música que el ruido de los transeúntes en su diario vivir y tú observarlos como buen espectador, sin interrumpir, solo contemplar y sonreír.

Viajar es presionar mis miedos al máximo y llegar a un punto donde sólo les queda bajar hasta quedar relegados en el fondo de mi cabeza.

Así que quiero que pasen luego los días. Este año se me espera movido y el próximo también. En mayo me iré a Mendoza y luego, a preparar mis maletas para Europa nuevamente.

¿Por qué el viejo continente nuevamente? Porque estoy en deuda con algunas ciudades… y porque París me llama. Lo sé, soy una enamorada de la ciudad luz, pero la dama francesa me llama y yo no puedo decirle que no.

 

¿Qué me queda para que se me pasen estos vaivenes viajeros? Solamente contar los días que faltan y esperar que pasen rápido. O sumergirme en algún buen libro, al menos así puedo viajar sin moverme físicamente.

PD: Ay lo sé, este post fue como súper personal. Pero llevaba días con esta idea en la cabeza y quería compartirla con ustedes.

 

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