Pomaire. De greda y agua

Al oeste de la capital, en la comuna de Melipilla, se encuentra un particular pueblito de artesanos llamado Pomaire. No es muy grande, su atractivo turístico son las ya conocidas artesanías en greda y las empanadas de 1kg. Sin embargo, para mí, Pomaire es un oasis de tradiciones.

La primera vez que fui, estaba bien chica. Recuerdo que era un paseo familiar, con mis abuelos y tíos. A mi prima, mi hermana y a mi nos compraron un cerdo de greda para cada una. El cual, además de ser para la suerte, servía como alcancía.
En esa época sólo existían los cerdos clásicos de color marrón, a lo más, algunos negros. Pero nada comparados con la variedad que existe ahora, pareciera que el cerdito se hizo más popular que su origen, y ha cobrado un protagonismo impensable.
Si no, miren este simpático “cerdo araña”.

 

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 Después de esa vez, nunca más regresamos. No sé por qué, el pueblito es agradable pero es a mi madre y a mí a quienes nos justan los viajes más campestres, donde los cerros verdes se mezclan con las calles empolvadas, las carretas y el aroma del trabajo en la tierra.

Fue este año que Pomaire regresó a mi cabeza y me dije “quiero volver”. Lo gracioso es que no sólo era yo, mamá también se unió a mi idea, al igual que su hermana y la mía.
Nos pusimos en campaña para ir durante las fiestas patrias. El problema, es que todos tuvieron la misma idea, por lo que sólo pensar entrar, ya era algo imposible.
Tuvimos que darnos la vuelta y a tan sólo unos metros desde la entrada. Pomaire nos jugaba una mala pasada y nos decía “no es ahora”.

 

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No lo tomamos muy bien el no entrar. Mejor dicho, quedamos picadísimas.
Así que en octubre, con bolsos al hombro y el auto cargado con bencina, nos fuimos por nuestra revancha.

¡Y que revancha! Ese día fue increíble. Pude ver un Pomaire despertando, con su calle principal vacía, con su gente recién incorporandose a sus puestos. Incluso me pude perder en sus calles aledañas, esas donde sólo transitan quienes viven allá, aquellos que trabajan y han dejado su vida en la arcilla.

 

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Sé que todo aquel que visita Pomaire sólo recorre la calle principal en busca de artesanías, ¿pero les cuento algo? Atrévanse y aventúrense por otras partes.

Caminar hacia el cerro por esos callejones asfaltados y con polvo, que parecen perderse solitariamente entre verdes árboles y arbustos bajo el sol. Les mostrará una cara que pocos se arriesgan a conocer y que, cuando la descubres, es imposible no enamorarse.

 

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Es que Pomaire es mucho más que los típicos cerdos de greda. Pomaire es un pueblo que se aferra a sus costumbres y que sale adelante sin importar qué ocurra, son como la greda de la cual viven: se pueden quebrar, pero con poco un poco de agua y tierra, logran hacer grandes cosas.

Imagínense que el terremoto del 27F destruyó gran parte de las artesanías y hornos de los alfareros. Pero aún así, lograron salir adelante.
Como pudieron se las arreglaron con lo poco que quedó y siguieron trabajando. Ese espíritu es increíble, puedes aprender tanto de ellos.

 

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Me gusta Pomaire. Me gusta su gente ingeniosa, sus calles, su color terracota y esa gracia para modelar la greda y hacerla parte de tu diario vivir. Me gusta que la tradición se respire en cada esquina y que ellos, no importa la generación a la cual pertenezcan, se sientan orgullosos de eso.

 

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Como datos extra

– Si bien puedes encontrar desde vasijas hasta fuentes y platos de greda (muy buenos para cocinar), los cerditos son los reyes de los recuerdos. Existen de varios tamaños, pero los pequeñitos son los más regalados (puedes comprar muchos por poco dinero).
¡Ojo! No compren al tiro, recorran con calma y coticen.

– Ideal visitar Pomaire durante la semana, si no se puede, entonces llegar temprano. Pasado el medio día se empiezan a llenar las calles de turistas, así que a esa hora, lo mejor es tener los recuerdos comprados y dedicarse a recorrer las calles de este hermoso pueblo.

– En primavera y verano el calor es horrible. Así que lleven sombrero y/o sombrilla, además de algún protector solar.

– Para comer, recomiendo alejarse de la calle principal y cotizar. Es sencillo, siempre les darán folletos de cada local con los platos y sus valores. Más adelante les daré el tip de dónde almorcé cuando fui, es genial.

– Llegar a Pomaire es sencillo y creo que es más conveniente hacerlo en bus. Los buses parten desde el Terminal San Borja (Estación Central, Metro Línea 1) y el valor del pasaje cuesta entre $1.500 a $2.000.
En auto, debes tomar la autopista del sol camino a Melipilla. Hay buena señalización, así que no te perderás. Ojo eso sí con las plantaciones de champiñones por el camino, su aroma por la tarde es poco agradable.

 

2 Replies to “Pomaire. De greda y agua”

  1. Me encantan tus fotos, quiero volver a Chile y ver todo eso ♥

    1. Gracias! Que lindo que te gustaron las fotos. Y ¡sí! tienes que volver y nos vamos de paseo a recorrer Chilito :D

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